Escuálido llegó a la tierra de escarcha y nieve,
votando sol por todos los poros.
Construyó un gigante de navidad con sus manos de acarrear pobrezas.
Probó comidas importadas; interminables estantes, confites, manjares y vinos.
Su boca degustaba, besaba, sonreía.
El tiempo doblo la curva y la nieve siempre regresaba.
Los sabores se antojaban repugnantes y perennes.
excesos que rebosaban sus venas endurecidas.
excesos que rebosaban sus venas endurecidas.
El frío mordía como jauría en estepa desolada
el pecho lacerado por la espada invisible,
que asecha las horas de sueño tardío,
perdido entre resacas y recuerdos de esquinas,
de mañanas de gallo y pregón callejero.
el pecho lacerado por la espada invisible,
que asecha las horas de sueño tardío,
perdido entre resacas y recuerdos de esquinas,
de mañanas de gallo y pregón callejero.
El viajero al levantarse rogaba a dios le devolviera sus viejos caminos.
de trote y carreta, de fango y de lluvia.
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