martes, 12 de febrero de 2013

El viajero que se fué.





Escuálido llegó a la tierra de escarcha y nieve,

votando sol por todos los poros.

Construyó un gigante de navidad con sus manos de acarrear pobrezas.

Probó comidas importadas; interminables estantes, confites, manjares y vinos.

Su boca degustaba, besaba, sonreía.

El tiempo doblo la curva y la nieve siempre regresaba.

Los sabores se antojaban repugnantes y perennes.

 excesos que  rebosaban sus venas endurecidas.

El frío mordía como jauría en estepa desolada

 el pecho lacerado por la  espada invisible,

que asecha las horas de sueño tardío,

perdido entre resacas y recuerdos de esquinas,

de mañanas de gallo y pregón callejero. 

El viajero al levantarse rogaba a dios le devolviera sus viejos caminos.

de trote y carreta, de fango y de lluvia.

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