Mi ruta se ha
perdido junto a ese tiempo,
En que tu deseo trazó mi destino.
Por eso estoy cavando una trinchera,
Para detener el ímpetu del viento
Con la libertad del que pide permiso
para amar.
No temo a la furia, a la espada al
escarmiento,
Ni a la mirada inquisidora o la
piedra que lanzada me derribe,
El dolor es diferente ya lo ves.
He sabido de tristezas más raigales,
Y heridas de odios más profundos,
Del soplido, de las sombras, del
taimado,
De la cruz y la traición del
ignorante.
Del dolor de tragarnos la doctrina.
Con las manos a la espalda amarradas,
Frases muertas y enterradas como alivio,
En cazuelas cocinadas las raciones,
Que laxe la garganta atrabancada,
De optimismo abanderado sin razón,
Que te obliga en senda estrecha a
caminar.
A unos pies que se trasladan sin idea.
Por lo tanto no sabrán a donde van.
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